« Este es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él. y él confesó claramente:
–Yo no soy el Mesías. Le volvieron a preguntar: –¿Quién eres, pues? ¿El profeta Elías? Juan dijo: –No lo soy.» Juan 1: 19-21 (Versión Popular Dios Habla Hoy)
Juan el Bautista sabe quién es (identidad) y sabe también para qué tarea ha sido enviado (vocación). Igual observación podemos hacer de Jesús: sabe que es Hijo Amado de Dios y que ha sido enviado para anunciar la llegada del Reino. Estos dos aspectos, identidad y vocación, contribuyen a la formación saludable del sentido de vida de toda persona.
Nuestra identidad se define por aquello que hacemos, por lo que tenemos, por lo que soñamos, pero de manera particular y sobresaliente por aquello que somos ante Dios. Ya desde el libro del Génesis, Adán y Eva definen su identidad a partir de su relación con el Creador; son su imagen y semejanza.
Juan el Bautista sabe quién es, pero sabe también aquello que no es. Esto último es tan importante como lo primero. Juan expresa abiertamente: «Yo no soy el Mesías»; tampoco el profeta Elías. Y cuando le preguntan con insistencia: «¿Quién eres, pues?», el responde que es «una voz que grita en el desierto».







