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«Yo no soy» | Cuarto domingo de adviento | Por Harold Segura

« Este es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él. y él confesó claramente:
–Yo no soy el Mesías. Le volvieron a preguntar: –¿Quién eres, pues? ¿El profeta Elías? Juan dijo: –No lo soy.» Juan 1: 19-21 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Juan el Bautista sabe quién es (identidad) y sabe también para qué tarea ha sido enviado (vocación). Igual observación podemos hacer de Jesús: sabe que es Hijo Amado de Dios y que ha sido enviado para anunciar la llegada del Reino. Estos dos aspectos, identidad y vocación, contribuyen a la formación saludable del sentido de vida de toda persona.

Nuestra identidad se define por aquello que hacemos, por lo que tenemos, por lo que soñamos, pero de manera particular y sobresaliente por aquello que somos ante Dios. Ya desde el libro del Génesis, Adán y Eva definen su identidad a partir de su relación con el Creador; son su imagen y semejanza.

Juan el Bautista sabe quién es, pero sabe también aquello que no es. Esto último es tan importante como lo primero. Juan expresa abiertamente: «Yo no soy el Mesías»; tampoco el profeta Elías. Y cuando le preguntan con insistencia: «¿Quién eres, pues?», el responde que es «una voz que grita en el desierto».

Vivir a Dios | Tercer domingo de adviento | Por Harold Segura

«Jesús les contestó: Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia» Mateo 11:4-5 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Las dudas asaltan a los predicadores, por muy radicales y seguros que estos sean. Este fue el caso de Juan el Bautista. Cuando estaba en la cárcel, envió una delegación de sus discípulos para que fueran donde Jesús y le preguntaran si realmente era el Mesías que había de venir… o si debía esperar a otro.

Jesús, en lugar de molestarse por las dudas de Juan, se aseguró de enviarle una respuesta que le garantizara su tranquilidad. La prueba fueron sus obras. No le envió agudos argumentos teológicos de esos que suelen hacer los teólogos cuando se trata de demostrar la verdad de Dios. Nada de eso.

La prueba de su verdad era práctica: díganle a Juan que «los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordón oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia».

Comida, vestido y palabra | Segundo domingo de Adviento | Por Harold Segura

«Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: 'Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.'» Mateo 3:3 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Juan, llamado el Bautista, recibió el encargo de anunciar la venida de Jesús. Cumplió con su vocación en medio del rechazo y la persecución. Al final, fue asesinado por Herodes, a quien denunció por haber tomado como mujer a Herodías, esposa de su hermano Felipe. Su osadía le costó la vida.

Fue una voz que gritó en el desierto y que preparó el camino del Señor pidiendo rectitud en la vida. La rectitud de la que muchos reniegan, porque prefieren caminos de conveniencia personal o sectaria.

Juan, vestido con piel de camello, con cinturón de cuero y acostumbrado a alimentarse con langostas y miel del monte, fue a quien Dios escogió para anunciar la venida de su Hijo. A cada mensaje, su personaje (ó, «el medio es el mensaje», como enseñaba el filósofo canadiense Marshall MacLuhan). Esas eran las condiciones y calidades del predicador que el Señor necesitaba para aquel anuncio excepcional.

Siempre despiertos, siempre atentos | Primer domingo de Adviento | Por Harold Segura

«Manténganse ustedes despiertos, porque no saben cuándo va a llegar el señor de la casa, si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;no sea que venga de repente y los encuentre durmiendo. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!”»
Marcos 13:35-37 (Versión Popular Dios Habla Hoy)

Jesús invita a sus seguidores y seguidoras a que estén siempre despiertos. La espiritualidad que él nos propone no es la una persona que entra en su casa, cierra la puerta, prepara la cama y reposa sin que nada le importe. No; por el contrario, él dice que la actitud de fe se parece a la de un siervo que espera con atención la llegada de su amo y, por lo tanto, ni siquiera duerme porque no sabe a qué horas llegará: «no sea que venga de repente y los encuentre durmiendo» (13:36).

Son dos espiritualidades diferentes: la que invita al descanso porque nada le preocupa y la que invita a velar porque no sabe a qué horas llega su señor. En el primer caso hay un señor que trabaja a favor de su siervo (por eso puede dormir) y en el segundo hay un siervo que trabaja para su señor (por eso se mantiene despierto).
 
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