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Suele sucedernos que al pensar en un centro de formación teológica, lo que primero viene a la mente es un complejo arquitectónico, con algunos edificios, aulas de clase, una deslumbrante biblioteca, docentes y personal administrativo al servicio de una institución educativa formal. De esta idea somos culpables quienes con nuestros hechos, palabras y actitudes hemos hecho creer que la formación teológica pertenece de manera exclusiva a los seminarios, institutos y a otros pocos centros educativos. En este limitado concepto de formación teológica, teólogo y teóloga es quien ha egresado de un centro educativo y ha obtenido un grado académico que lo acredita como profesional en el área, y la teología queda reducida a un mero asunto académico que pertenece a una élite privilegiada.