No quiero parecer un mal cristiano, pero ¿por qué Dios pide que se le alabe y adore? ¿Acaso él tiene necesidad de reconocimiento? ¿No es esa la actitud de alguien engreído…?
A varios días de este encuentro, la pregunta aún continúa revoloteando en mi mente.
Me atrevo a afirmar que como creyentes hemos sido adoctrinados para formular las “preguntas correctas” siguiendo la lógica de la fe cristiana más conservadora; pero cualquier intento de ir más allá, nos expone a ser considerados de arrogantes, irreverentes, o tachados de “malos cristianos”.




