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En México el protestantismo es un mosaico de expresiones de muy diverso cuño, prácticas, trasfondos y orígenes. Su presencia en el país –e incluso en América Latina– ha sido objeto de múltiples análisis que parten de distintas disciplinas sociales. (Twitea esta cita)Lo anterior no es tarea sencilla, implica un constante diálogo con quienes han escrito sobre el tema para dar cuenta de la experiencia protestante, así como una gradual discusión de los conceptos y categorías que han usado para explicar su presencia en suelo mexicano. Parte de ese quehacer ha tomado camino desde varios años atrás. En mayo de 2011 el Seminario Evangélico Mexicano de la Iglesia de Dios y el Seminario Teológico Presbiteriano de México promovieron, cada uno por su cuenta, diálogos con el historiador Jean Pierre Bastian, Carlos Mondragón, Jael de la Luz y Ariel Corpus. Desde ahí, tanto Jael de la Luz como quien escribe estas líneas insistimos a Bastian en la necesidad de pensar y trabajar la presencia protestante en México con diferentes perspectivas de análisis.
Durante el 2012 con “pretexto” de los 120 años de presencia presbiteriana en el país se llevaron a cabo diversas mesas de análisis en las denominadas Jornadas Presbiterianas. También, tal labor ha tenido cabida en espacios de discusión académica como presentaciones de libros, mesas de discusión, clases y seminarios universitarios, así como congresos y coloquios sobre el tema, como lo fue la mesa de discusión “El protestantismo a debate: nuevos enfoques, nuevas generaciones” llevada a cabo en el marco del Coloquio Internacional Historia, Protestantismo e Identidad en las Américas en octubre de 2011, la cual coordiné e invité a Hedilberto Aguilar de la Cruz (unam), Jael de la Luz García (unam), Raúl Méndez (uam i), José Luis Pérez Santíz (uia) y Carlos Torres Monroy (enah), para discutir la relevancia del enfoque interpretativo de Jean Pierre Bastian, eso que algunos hemos denominado la «historiografía bastiana».
Estos espacios –con el riesgo de olvidar otros tantos– anteceden a diversas interrogantes que circundan a quienes estudiamos el protestantismo y que cuestionan la manera en que en diversos trabajos se ha «recuperado» su pasado y explicado su historia presente. En la historia decimonónica, subyace la socialización en la historiografía bastiana al buscarles un espacio en la disidencia, o bien, a observar sólo las prácticas que más se ligan al liberalismo juarista, como si la disidencia política y la alteridad sólo tuvieran esa faceta ideológica. Es por lo anterior, que en esta práctica de historiar se corre el riesgo o la tentación de moldear la búsqueda, selección e interpretación de las fuentes de estudio siguiendo el «imperio de las categorías», como José Gaos llamó a cierta tendencia en el oficio.
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Lo anterior es significativo en tanto que estos conceptos explicativos fungieron como elementos fundacionales para una minoría religiosa en actividad y constante desarrollo al dar el salto de un marco explicativo del pasado al discurso, el imaginario y las representaciones del presente, de modo que la «invención del concepto» sirvió como un hilo de memoria que permitió llenar el vacío ontológico de algunas iglesias protestantes después de la segunda mitad del siglo xx, sobre su «ser» y «estar» en un marco histórico donde el liberalismo, que les dio razón de existencia, quedaba lejos como referente ideológico. A su vez, el protestantismo histórico se vio acompañado por un cúmulo de iglesias pentecostales con las cuales, aún hoy en día, les cuesta trabajo dialogar, e incluso no se omite la existencia de cierta desavenencia para referirlas como parte de la misma experiencia religiosa. ¿En qué medida esta renovación litúrgica vació el «concepto» del contenido, o el «concepto» de la práctica en el imaginario protestante? Lo cierto es que los estudios antropológicos sobre los evangélicos llevados a cabo después de la década de los setentas quedaban vacíos del «concepto» debido a que éste no se observaba en la etnografía, y aunque se intentó explicar como un fenómeno de «mutación», tal atribución deja denotar cierta antipatía hacia tal forma de religiosidad.
Sobre el autor:
Ariel Corpus es mexicano, Licenciado en Ciencias Históricas; Maestro en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Sureste (Chiapas, México). Sus líneas de interés se circunscriben a los estudios históricos y antropológicos del protestantismo, sociología de la religión, el vínculo jóvenes-religión, la emergencia de las juventudes indígenas, y la relación entre teología y ciencias sociales. En la docencia se ha desempeñado como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
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