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De ahí que la gran preocupación-dedicación de, por ejemplo, el apóstol Juan es que el amor se exprese, en primer lugar, en la familia de la fe en Jesús de Nazaret. Y el amor, el amor al prójimo, se expresa en la opción por la justicia. De tal manera que es imposible, al menos debiera serlo, que en el contexto del pueblo de Dios se dé la saciedad de unos pocos, y el hambre de los muchos. La abundancia de unos pocos provoca la vergüenza-escándalo de los que nada tienen (1 Cor. 11:20-22). Tal situación es un acto de desamor y, por ello, un acto de injusticia.
La justicia, en las Escrituras, poco tiene que ver con el “dar a cada uno lo suyo”. Justicia “es el concepto central que gobierna todas las relaciones sociales. Significa rectificar situaciones entre personas y grupos, vivir conforme a lo que la situación social exige. Significa por tanto justicia para el oprimido”* (un ejemplo de rectificación de situaciones lo encontramos en 1 Jn. 3:16-17). Y ese es el pecado fundamental de nuestro pueblo: la conformidad con la desigualdad social y económica de nuestras hermanas y hermanos que experimentan en primera persona el sistema diabólicamente injusto que articula la aldea global donde desarrollamos, decimos, la misión que Jesús de Nazaret nos encomendó.
Después de lo dicho, regresemos a la pregunta que da título a esta nota: ¿vive el pueblo de Dios en un estado de injusticia? El que haya leído estas líneas estará plenamente capacitado para responder a la pregunta por sí mismo.
Escuchemos la voz del Resucitado que nos habla, alto y claro, a través de las Escrituras, y no endurezcamos nuestros corazones (Heb. 3:15). ¡Estamos a tiempo de rectificar!
Soli Deo Gloria
Notas:
* La justicia en el Antiguo Testamento
Sobre el autor:
Ignacio Simal es español y pastor de la Iglesia Evangélica Española en Catalunya. Estudió teología y Biblia en Barcelona, Guatemala y Bilbao. Presidente de la Asociación Ateneo Teológico y fundador en el 2005 de la revista digital Lupa Protestante; dirige el Departamento de Comunicación de la Iglesia Evangélica Española; Por 25 años fue profesor de Teología y Biblia en Catalunya.
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