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Toda iglesia desea que sus nuevos convertidos crezcan y maduren en su fe. ¿Pero, cuándo empieza este proceso y se deja de ser recién convertido? Aquí esta el epicentro de los conflictos en cuanto a programas de discipulado (suponiendo que toda iglesia tenga un programa al menos informal de discipulado). Añadido a esto para algunos cristianos la conversión inicia y termina con una experiencia momentánea e individualista (una experiencia muy privada de haber aceptado a Cristo), en vez de interpretar tal experiencia solo como un inicio dentro de un proceso de crecimiento en la fe; y aun cuando la iglesia y el pastor hacen llamados al altar y luego de la oración del pecador proclaman al recién convertido que es salvo y ahora es nueva criatura. Quien desea ser discipulado si ya se nos ha servido la salvación del infierno en plato de oro? En algunos casos los evangélicos parecen estar de acuerdo en que la conversión es un proceso, pero su teología y su la práctica pastoral resalta la conversión como una experiencia momentánea e individualista. ¿Existe acaso una fórmula para explicar la conversión?[1]