Existe una masa flotante, una población evangélica, que en su mayoría aunque no exclusivamente, de jóvenes profesionales en sus treintas y cuarentas, solteros y divorciados que no tienen afiliación alguna. Estos y estas son errantes consumidores de productos y producciones religiosas. Nómadas en búsqueda de un Santo Grial, de algún Dorado, y otros del cuerno de la prosperidad.
Buscan de un cristianismo que les haga sentirse bien. Quieren disfrutar de la salvación hoy. Son dados al placer y a la buena vida. ¡Para eso han estudiado y trabajado tanto! Sin embargo, no puede ser cualquier cristianismo pues tienen un fuerte temor a cometer idolatría. Dentro de sí les invade un fuerte sentimiento de culpabilidad, un vacío que no pueden llenar fácilmente.
Las diferentes iglesias que visitan tratan de domesticarlos, pero nuestros errantes amigos ya conocen tales rituales y trucos. Esta comunidad de nómadas no tiene organización pero es real, y a su vez imaginaria, y virtual. Es una comunidad informal que por ser transitoria no deja de ser sólida. Su andar es en pequeños grupos, y sus valores posmodernos no les motiva a visitar iglesias “tradicionales”, pues le son aburridas. Les gusta lo bueno, lo nuevo, y a la moda.