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Por un mundo sin violencia

Por René Padilla, Ecuador y Argentina
Imagen: Pixabay -  CC0 Public Domain
La paz es un bien deseable tanto para los individuos como para las naciones. El corazón humano anhela la paz, y ésta, por lo tanto, se impone como un objetivo político prioritario que ningún gobierno responsable puede descuidar. Sea en el Este o en el Oeste, en el Norte o en el Sur, la visión profética de un mundo en el cual las espadas sean convertidas en arados y las lanzas en hoces suscita una respuesta positiva.

Sin embargo, la paz tiene sus condiciones. A menos que se cumplan, el ideal de la paz no pasa de ser un mero deseo sin posibilidades de realización. ¿Cuáles son las condiciones de la paz?

Isaías 32.7 señala la más importante de ellas: la justicia. «Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre». La paz se relaciona con la justicia como el fruto con el árbol que lo produce. Donde no hay justicia, no puede haber paz. La injusticia y la paz no pueden coexistir.

La comodidad de la opresión | Por Nicolás Panotto

Imagen: Pixabay
Hoy me preguntaba: ¿cómo puede ser que existan personas que legitimen y apoyen proyectos políticos que promueven la violencia, que perjudiquen al pueblo para beneficiar a los ricos, que vea la pobreza como una estadística aleatoria, necesaria e inevitable? Y recordé la queja del pueblo de Israel cuando peregrinaba por el desierto luego de su liberación de la opresión del Imperio por la intervención divina: “Y el pueblo de Israel también comenzó a quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco

Si es por la "no violencia", entonces por la "violencia no" es | Por Richard Serrano

Imagen: Pixabay
Desde Caín y Abel, la violencia ha estado a la orden del día. Con el tiempo, solo ha ido tomando nuevos rostros y elaborando nuevas lógicas, pero jamás nos ha abandonado del todo. Y, mientras este mundo siga siendo mundo, ¡puede que no lo haga! Es verdad, la humanidad ha alcanzado muchos logros en materia de derechos humanos y garantías sociales, pero las persona y los pueblos siguen optando por la violencia como mecanismo de convivencia o vía para dirimir diferencias ideológicas, sociales o políticas. Solo basta con revisar cualquier medio de comunicación. ¿Es la “no violencia” una propuesta viable o factible en todos los casos? ¿La salida a nuestro caso venezolano pasa indefectiblemente por la violencia? Me permito algunas reflexiones en torno a estas dos ideas: la “no violencia” como ética sociopolítica y la tentativa de recurrir a la violencia en nuestro caso, o en cualquier otro.

Aprendizajes | Por Loreto Fernández

Hoy caminaba hacia mi casa por Avenida Alemania cuando sentí gritos e insultos de un tipo a una mujer que se resistía a ir con él; apuré el paso para ver que pasaba y claro, el susodicho lo más suave que me dijo fue: “Que mirai sapa reculia”…Como buena chora del puerto le repliqué: “A vo poco hombre, abusador, ¿Creí qué te tengo miedo? Voy a llamar a los pacos pa que te lleven preso”. A pesar de que en realidad sí estaba aterrada, la fortuna quiso que me mantuviera incólume mirando fijo al golpeador y pudiera marcar mi celular en espera de “ayuda policial”, además de incorporar involuntariamente nuevas procolalias en mi disco duro, las que el sujeto no dejaba de procurarme, mientras “hacia” como que venía pegarme y la mujer lo tironeaba para que no hiciera tal. Finalmente se fueron y yo partí veloz a un par de cuadras al retén de la calle Mena, con la esperanza de que carabineros atrapara al abusador que claro, podía identificar sin problemas.

Después del incidente recordé eso de que cada día se aprende algo nuevo...hoy por ejemplo yo me nutrí con la experiencia y recordando otros incidentes, ahora se que:

Biblia, historias de terror e infancia | Por Ignacio Simal

“Vi un ángel que estaba de pie en el sol, y clamó a gran voz diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: «¡Venid y congregaos a la gran cena de Dios! Para que comáis carnes de reyes y capitanes y carnes de fuertes; carnes de caballos y de sus jinetes; carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes” (Apo. 19:17,18), escribió hace siglos el vidente de Patmos.


El apocalíptico Juan describe en su texto, entre otras descripciones, una escena dantesca y macabra a la que denomina “la cena de Dios”. Las aves del cielo desgarran las carnes de los muertos en el campo de batalla. “Dios ha vengado la muerte de sus siervos”, escribirá (Apo. 19:2). Ante tal escena y comprensión del actuar divino, ¿qué podemos decir?

No quiero guardar silencio ante las “historias” de terror que en muchas ocasiones describe la Biblia. Sí, son imágenes que responden a otros parámetros culturales y teológicos, pero ello no evita que produzcan en mi, y en muchos cristianos, una cierta desazón y, por qué no decirlo, cierta repugnancia. No reflejan al Dios que se manifestó a través de la buena noticia que anunció Jesús de Nazaret, Dios hecho carne.
 
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