Por Richard Serrano, Venezuela
"Cuando Dios los ponga tristes, no lo lamenten, pues esa tristeza hará que ustedes cambien, y que pidan perdón y se salven. Pero la tristeza provocada por las dificultades de este mundo, los puede matar" (2 Cor. 7:10, TLA).
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En una cultura en la que le gente se desvive por sentirse y verse "bien", es natural rehuir al sufrimiento. En el altar del éxito y el placer no hay lugar para el dolor, el fracaso y las tristezas. Y, convengamos, ¡quién quiere sentirse triste, en modo alguno! Se ha hablado bastante, y con algo de razón, de los beneficios de una actitud positiva ante la vida, de ser competentes, creativos, emprendedores, optimistas y triunfadores. Pero no perdamos de vista que hay alegría que debería ser causa de pena y preocupación (Luc. 6:25), y tristeza que debería ser causa de gozo (Juan 16:17-22).