Por Ulises Oyarzún, Chile y México
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| Imagen: Pixabay - CC0 Public Domain |
Era el año 1600 y el libre pensador
Giordano Bruno, rechazado tanto por el catolicismo, el luteranismo y el calvinismo, y aún por sus colegas docentes en Oxford es acusado por la Santa inquisición de amenazar con sus enseñanzas la autoridad de las Santas Escrituras. Estuvo encarcelado cerca de 8 años y al final de un sinnúmero de torturas, es sentenciado a morir en la hoguera.
Dentro de sus pensamientos desafió la teoría aristotélica y el universo de Ptolomeo, proponiendo una idea nueva. Sin abandonar su fe en Dios, él pensaba que el universo era infinito como Dios también lo era.
Un universo creado por Dios donde cada estrella era un sol que contenía a su vez planetas como el nuestro circundando alrededor de sus respectivos soles.