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La silenciosa tumba no estaba vacía

Por Nicolás Panotto, Argentina y Chile
Jardín de la tumba de Jesús (Imagen: Free Images)
Jesús pudo haber resucitado inmediatamente, en medio de un espectáculo de ángeles y coros celestiales. Pero no fue así. No sólo uno sino tres días pasó cerrada aquella tumba. Y en ese momento, nadie –¡absolutamente nadie!- sabía lo que acontecería después. Solo existieron esbozos metafóricos (Jn 2.19), pero ninguno de sus seguidores interpretó que se trataría de lo que habría de ocurrir en esos días.

Notas sueltas para una teología de la cruz

Por Nicolás Panotto, Argentina y Chile

Imagen: Pixabay
I

La cruz representa, como decía Lutero, la manifestación del deus absconditus sub contrario, es decir, una revelación a partir de lo que no le es propio –la gloria, el poder, la majestad- sino desde aquello que lo contradice, a saber, la humanidad sufriente y abandonada de Cristo. Eberhard Jüngel (1978: 56) profundiza este elemento diciendo que “aunque [Dios] es el-que-decide entre el ser y no-ser, no se sitúa por encima de esa contraposición de ser y no-ser, sino en medio”. Para Jüngel, ese entre-medio del ser y no-ser, entre lo oculto y lo revelado, entre lo propio y lo contrario de Dios, es la cruz de Jesucristo.

La cruz y la verdad

Por Nicolás Panotto, Argentina y Chile
 
Imagen: Pixabay
La cruz, símbolo de muerte y de vida. Muerte que vivifica. Vida que muere para vivir más plenamente. La cruz es contradicción, paradoja. De aquí que ella pierde su poder transformador cuando intentamos encerrar su significado a través de dogmas, teologías, prácticas. La cruz representa ese hecho que nadie esperaba, que encuentra su verdad en la sorpresa, no en el cumplimiento de lo deseado (al menos de la manera que se lo esperaba). La cruz se resiste a toda explicación dada. Es escándalo.

La solidaridad como sentido más profundo de la Cruz

Por Juan Stam, Costa Rica
Imagen: Pixabay -  CC0 Public Domain
2 Corintios 5:21; Gal 3:13 [1]

Con razón dijo Pablo que la cruz es una locura y un escándalo (1 Cor 1:18-23); si su "irracionalidad" no nos escandaliza, no hemos comenzado a entender su significado.  La tradicional teoría de "substitución" (yo debo dinero en el almacén pero un amigo lo paga en mi lugar; estoy preso bajo sentencia de muerte, pero un amigo me visita en la celda, cambiamos de ropa, yo salgo libre y el amigo muere en mi lugar) es una simplificación que traiciona los datos bíblicos, y hace de la muerte de Jesús una crasa injusticia (Camus, Bernard Shaw, Domenic Crossan). La muerte de Cristo no puede entenderse como una transacción externa y objetiva, una especie de intercambio o trueque.
 
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