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Jesús es la esperanza de resurrección

Por Alexander Cabezas, Costa Rica


“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio la piedra quitada del sepulcro.  Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y le dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto… (Juan 20:1ss)”

Jesús es nuestra esperanza… ¿pero ¿qué pasa con aquel que prometió ser la vida frente a la muerte inesperadamente muere? ¿Quién esperaba que Jesús iba a resucitar a la luz de este pasaje?
¡Nadie!  Pese a que Jesús había anunciado muchas veces que tenía que padecer y luego resucitar, sus seguidores no le entendieron o no le creyeron.

La solidaridad como sentido más profundo de la Cruz

Por Juan Stam, Costa Rica
Imagen: Pixabay -  CC0 Public Domain
2 Corintios 5:21; Gal 3:13 [1]

Con razón dijo Pablo que la cruz es una locura y un escándalo (1 Cor 1:18-23); si su "irracionalidad" no nos escandaliza, no hemos comenzado a entender su significado.  La tradicional teoría de "substitución" (yo debo dinero en el almacén pero un amigo lo paga en mi lugar; estoy preso bajo sentencia de muerte, pero un amigo me visita en la celda, cambiamos de ropa, yo salgo libre y el amigo muere en mi lugar) es una simplificación que traiciona los datos bíblicos, y hace de la muerte de Jesús una crasa injusticia (Camus, Bernard Shaw, Domenic Crossan). La muerte de Cristo no puede entenderse como una transacción externa y objetiva, una especie de intercambio o trueque.

No somos “ese” cristo | Por Nicolás Panotto


“Debemos ser como Cristo”, se nos dice. ¿Pero de cuál “cristo”? ¿Somos conscientes de las relatividades, opiniones, sensibilidades, miedos, hasta patologías, atrocidades y maldades que se entrecruzan en nuestros discursos al momento de nominar “ese” cristo que enarbolamos como símbolo?

Te he visto Señor | Por Alejandra Ortiz


Te he visto, Señor, entrando en las iglesias, en esos espacios grandes y pequeños que tantas veces reducen tu Nombre, para desafiarlos a pensar que ser Iglesia en este mundo tuyo significa pensar en el otro, en el que sí se verá muy afectado ante los cambios políticos, en aquellos para quienes luchar por la justicia social es una cuestión de vida y dignidad. Tú has puesto a muchos en incomodidad, al hacerlos "ensuciarse" las manos con lo político, a denunciar los actos de corrupción, de manipulación e injusticia sistémica. Has sido tan incómodo, porque al invitarlos a ver y denunciar, les has hecho verse y llorar. También tu Iglesia usamos y abusamos del poder.

Unidos por el amor a un crucificado | Por Carlos Osma

Una reflexión de Juan 19, 17-30.
“Jesús, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, en hebreo, Gólgota. Allí lo crucificaron con otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”.

El Jesús del Evangelio de Juan es tan diferente al del resto de evangelios que a menudo nos desconcierta. Y lo hace porque el evangelista en su intento de presentar a Jesús en plena intimidad con Dios, parece deshumanizarlo y alejarlo de nosotros. Es evidente que hay una intencionalidad teológica, pero ver a Jesús cargando su cruz y marchando con ella hacia el Gólgota, como quien decide darse un paseo triunfal hasta el trono en el que ocupará el lugar central, no ayuda para que empaticemos con la experiencia histórica de una persona que fue torturada y asesinada de una forma tan cruel.
 
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