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Dietrich Bonhoeffer y la religión

Por Víctor Rey, Chile y Ecuador

Dietrich Bonhoeffer, 4 de febrero de 1906 - 9 de abril de 1945
Hace unos días atrás conversando con unos estudiantes del Servicio de Estudios de la Realidad (SER), opinábamos acerca de la vida cristiana y uno de ellos manifestó que el mejor ejemplo de un cristiano en este tiempo, era la vida y obra de Dietrich Bonhoeffer.  Y acto seguido cito su frase sobre la fe madura  y la relación con Dios: “Un Dios que existe, no es Dios”.    Esta afirmación nos hizo discutir e intercambiar muchas opiniones que nos enriquecieron y nos dimos cuenta de la pertinencia de su pensamiento y de cómo le haría bien a las iglesias conocer más su teología para así renovar la vida cristiana.

¡Vivir como si Dios no existiera!

Por Alexander Cabezas, Costa Rica

Dietrich Bonhoeffer, 4 de febrero de 1906 - 9 de abril de 1945
La expresión se le atribuye al  teólogo y pastor, Dietrich Bonhoeffer.  Sin embargo, la autoría le corresponde al jurista, escritor, poeta y teólogo holandés Hugo Grocio, quien la pronunciaría tres siglos atrás. Bonhoeffer la retoma y la contextualiza desde la realidad de su cautiverio: un prisionero en la celda número 92, de 2 por 3 metros cuadrados, en la cárcel de Tegel, en Berlín, Alemania.

Dietrich Bonhoeffer: La gracia barata

Por Alexander Cabezas, Costa Rica
Dietrich Bonhoeffer, 4 de febrero 1906 - 9 de abril 1945
Este erudito, quien se ordenó y se doctoró a sus 21 años, escritor de varios libros, se le conoce por su coraje y compromiso cristiano. Cuando la Iglesia Católica guardó silencio y las iglesias cristianas protestantes se mantuvieron al margen promoviendo la “neutralidad” ante el régimen tirano y déspota que pretendía levantar Hitler, Bonhoeffer consecuente con su discurso, levantó su voz.

En el camino con Jesús | Día 38: ¿Acaso seré yo, Señor?

Por Harold Segura, Colombia y Costa Rica

"Al anochecer, Jesús se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaba dijo: Os aseguro que uno de vosotros va a traicionarme. Los discípulos, muy tristes, comenzaron a preguntarle uno tras otro: ¿Acaso seré yo, Señor?"
Mateo 26:20-22
(La Palabra, Sociedad Bíblica de España, 2010)

Imagen: Pixabay
Jesús anuncia la traición de Judas con absoluta serenidad; lo hace mientras cena. No hay ninguna alteración, ni en el ánimo, ni en el discurso, que haga pensar que la traición lo toma por sorpresa. Los sorprendidos son los discípulos que preguntan cuál de ellos será el traidor. Preguntan con tristeza. ¿Sería Judas el más desconcertado? Puede ser, porque sabemos que el pecado enturbia la manera de examinarnos a nosotros mismos.

La impresionante versión especial de la Biblia, por Jesús

Por José Chacón, Costa Rica


Jesús entró a la sinagoga, cerca de donde había sido criado. Ahí leyó el texto de Isaías 61 en el que se configura su comisión en la tierra. Este acontecimiento está narrado en Lucas 4, y en los versículos 18 y 19 aparece el texto que pronunció Jesús de la siguiente manera:

¿Dios de reconciliación o Dios de temor?

Por Alexander Cabezas, Costa Rica
Imagen: Pixabay -  CC0 Public Domain
Quizás el juicio más insólito -o el ardid política más creativo- para evidenciar la total desaprobación de la religión por parte de un Estado; fue la vez que Dios fue juzgado. Esto ocurrió un año después del triunfo de la Revolución Rusa, el 16 de enero de 1917. Este juicio inverosímil, contó con todos los detalles legales para asegurar un proceso verosímil: los fiscales, las pruebas, los abogados defensores… Era evidente, se estaba juzgando “al Dios de los cristianos”, pues se colocó en el banquillo de los acusados una Biblia (no sabemos si era una versión Reina Valera).

Después de cinco horas de deliberación, el tribunal declaró culpable a Dios de los cargos que se le acusaba por ¡genocidio y crímenes contra la humanidad! Una fría mañana del 17 de enero de 1918, a las 6.30, se escucharon algunas ráfagas contra el cielo de Moscú, ¡la sentencia había sido ejecutada!

La “Sola Gratia” nunca ha sido gratis | Por Carlos Osma

Imagen: Pixabay
Por mucho que se enarbole la bandera del verdadero protestantismo, o del cristianismo más original, la gracia nunca ha sido suficiente para justificar el amor de Dios por los seres humanos. Siempre se han puesto condiciones para que Dios se mueva a misericordia y se decida a salvarnos de nuestras miserias o de las que nos rodean. La “Gratia” nunca ha sido gratis, se ha convertido más bien en un filón de donde muchas y muchos han ido estirando para beneficio propio.
 
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