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| Imagen: Pixabay |
Jesús
el caminante y maestro se encuentra con muchas personas en múltiples
necesidades en su camino a Jerusalén. En Marcos 10:17-31, Jesús se encuentra
con un joven rico. Para este joven no había nada de malo en ser rico y ser una
persona justa ante los ojos de Dios. ¿Cómo podemos entender a este joven, para
ayudarnos a entendernos a nosotros mismos a no caer en la trampa de convertir
el uso de los bienes materiales en idolatría?
Bueno,
un factor que afectaba a la economía del mundo antiguo era la del honor‑vergüenza.
Este era un valor más romano que bíblico, pero por supuesto afectaba a todas
las clases sociales judías. Por un lado, a la pobreza no se la veía como una
desgracia, sino como algo vergonzoso, una maldición de Dios. Por otro lado, a
la riqueza se la consideraba como algo honorable, y a los ricos como personas
bendecidas por Dios. Por tanto, para el joven rico no había nada de malo con
ser rico y ser justo. Sin embargo, esta concepción del ser rico que apunte a
ser directamente bendecido por Dios, es falsa! ¿Por qué? Esto contradecía las
Escrituras en cuanto a creer que los ricos eran ricos por bendición divina.
Cualquiera podía enriquecerse y prosperar por su propia maldad como lo muestra
el Salmo 73.





