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En el Camino con Jesús | Día 8: De los que menos se esperaba

Por Harold Segura, Colombia y Costa Rica 

"Los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio junto con toda esta gente, y la condenarán; porque ellos se convirtieron al escuchar el mensaje de Jonás. ¡y aquí hay alguien más importante que Jonás!"
Lucas 11:32
(La Palabra, Sociedad Bíblica de España, 2010)
Imagen: Pixabay
Los más fieles seguidores y seguidoras de Jesús procedían de las regiones y de los sectores sociales de los que menos se esperaba. Se esperaba, por ejemplo, que el pueblo de Israel y, en especial, sus maestros religiosos, acogieran a Jesús y celebraran su llegada; pero no fue así. Se suponía también, que las personas especializadas en el estudio de las Escrituras sagradas interpretaran las profecías y comprendieran que Jesús era el Mesías anunciado; pero tampoco fue así.

A Jesús lo recibieron los publicanos rechazados, los pobres desplazados, los pecadores excluidos y muchos extranjeros marginados. Las mujeres, los niños y las niñas, los enfermos, las viudas y los samaritanos, entre otros, fueron el público preferido por Jesús y el que mejor comprendió y aceptó su mensaje.

No hay mentira que prefiera más que la verdad (sobre Juan 8,31-32) | Por Juan José Barreda

Imagen: Pixabay
“¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad...” (Divididos, “Qué ves”)

Como muchas otras noches, el timbre sonó repetidas veces. En un primer momento quise seguir durmiendo. Sabía de qué se trataba. Seguramente era alguna persona más con urgencias que querría que la ayudara con dinero.

Como muchas otras noches, me propuse pensar en segunda instancia que esta persona debía de estar muy necesitada para pedir ayuda en plena madrugada. Me vestí rápidamente y mientras bajaba las escaleras le dije a Dios: "Yo no puedo salvar a nadie. Obra tú, Señor". Muchas veces, por entusiasmo o por soberbia, esas palabras no estuvieron en mis labios. Otras, quizá por egoísmo, simplemente no hubo que confrontarlas porque rechacé a quienes tocaron mi puerta. Escalón a escalón me preparé para escuchar al Señor a través de mi prójimo necesitado. Ya dije que no siempre fue así mi corazón, pero de un tiempo a ese, lo era por la gracia de Dios. Mientras descendía a la puerta poniéndome algo de abrigo para el frío, seguí pidiendo sabiduría divina que me permitiera ver como Dios ve, que viera a mi prójimo a través de Sus ojos. Abrí la puerta...

¡La Iglesia ha muerto!... ¡Viva la iglesia! Reflexiones para una eclesiología humilde | Por Luis Cruz Villalobos (1)



En busca de un sueño tallaron la piedra;
En busca de un sueño Dios vino a la tierra.
- Silvio Rodríguez


Como los reyes… a rey muerto, rey puesto.

La iglesia[2] ha muerto para muchas personas, sólo se observan movimientos automáticos y espasmódicos del difunto. Algunos/as opinan que no, que la iglesia sigue viva y que debe seguir siendo el estandarte absoluto de la Verdad absoluta para el mundo entero, tal como lo ha hecho por dos milenios… Otros/as piensan que la iglesia no puede morir definitivamente, pero que tampoco debe seguir viva del modo que lo ha estado.

En el presente artículo me interesa compartir algunas reflexiones sobre aquello que puede ser fundamental para un cambio vital en el Cuerpo de Cristo, para que no sea un cadáver violento o irrelevante, en medio de un mundo radicalmente necesitado y cambiante.

 
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