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Necesitamos definir nuestra lealtad en tiempos de paz, preparándonos para los tiempos de guerra (1)
Temas: Alejandra Ortiz, Iglesia en México, Paz, Reino de Dios, Sociedad, Vida pública, Vivir el Evangelio
Por Alejandra Ortiz, México y Canadá
La historia nos muestra muchas lecciones si somos humildes para verlas y aprenderlas. En una de mis clases vimos lo que sucedió en Alemania, antes de la segunda guerra mundial. La manera en que un régimen político asumió el poder absoluto y comenzó a determinar cómo debía ser la iglesia, sus dirigentes y de alguna manera jugó el papel de agente moralizador para la sociedad. La iglesia, en su mayoría, jugó su juego, aceptó sus declaraciones y estuvo de acuerdo, pero al asociarse con el proyecto, perdió su capacidad profética, perdió su capacidad de hablar la verdad en tiempos violentos.
en
26 nov 2017
a las
8:00 a. m.
Cuando hacerse el revolucionario es “cool”
Temas: Nicolás Panotto, Revolución, Revolucionario, Sociedad, Vida Cristiana, Vida pública
Por Nicolás Panotto, Argentina y Chile
Existen incontables clichés que nos encanta repetir dentro de los espectáculos, reuniones, congresos y eventos del mundillo evangélico, los cuales empalagan nuestro paladar sediento de heroísmo: “Jesús no vino a implantar una religión sino un estilo de vida”, “el reino de Dios no actúa sólo en la iglesia sino en el mundo”, “la fe nos llama a comprometernos con la sociedad”, “Dios es por sobre todas las cosas amor”, entre tantas frases conocidas que nos emociona profesar como grandes declaraciones subversivas.
Ahora, como dice el refrán: “del dicho al hecho hay un largo trecho”. En este caso, nos encanta enunciar estas frases –que seguramente creemos con mucha honestidad- pero no estamos dispuestos/as a ser lo suficientemente coherentes para enfrentar todas las consecuencias que conlleva la radicalidad de su invitación. En algunos casos es aún peor: nos gusta predicarlo cuales grandes héroes de la fe, pero al ver que otro/a lo pone en práctica, lo juzgamos como extremista, liberal, pecador, inmoral, desubicado, etc., etc., etc.
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Ahora, como dice el refrán: “del dicho al hecho hay un largo trecho”. En este caso, nos encanta enunciar estas frases –que seguramente creemos con mucha honestidad- pero no estamos dispuestos/as a ser lo suficientemente coherentes para enfrentar todas las consecuencias que conlleva la radicalidad de su invitación. En algunos casos es aún peor: nos gusta predicarlo cuales grandes héroes de la fe, pero al ver que otro/a lo pone en práctica, lo juzgamos como extremista, liberal, pecador, inmoral, desubicado, etc., etc., etc.
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19 nov 2017
a las
5:57 p. m.
Ser profeta
Temas: Alejandra Ortiz, Profetas, Vida Cristiana, Vida pública
Por Alejandra Ortiz, México y Canadá
Desde algunos meses pienso mucho en la labor profética. Mis lecturas bíblicas y de otras fuentes, así como la experiencia de vivir y ser profundamente afectada por este mundo me han hecho pensar y re-pensar mi fe desde el rol de los profetas. El libro del profeta Jeremías me fascina, tiene algo que me atrae constantemente, y lo ha hecho por varios años en distintas etapas de vida. Este verano estudiamos Miqueas en el proyecto binacional entre Compa e Intervarsity, lo cual hizo que las palabras de este profeta hebreo parecieran muy actuales. También, en la preparación para enseñar los Salmos profundicé en la manera que una vida enraizada en la realidad de Dios permite navegar entre el lamento y la esperanza, los cuales son ingredientes claves para la denuncia profética.
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en
18 nov 2017
a las
10:00 a. m.
Tantas veces te mataron | Por Guillermo Steinfeld
Temas: Evangélicos, Guillermo Steinfeld, Iglesia y Sociedad, Jesús, Política, Prójimo, Vida pública![]() |
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en
13 jun 2017
a las
5:30 p. m.
Cómo votan los evangélicos | Por Josué Fonseca
Temas: Iglesia en Chile, Josué Fonseca, Política, Vida pública, voto, voto evangélico
Columnistas y comentaristas sostienen en estos días que el voto de los Evangélicos no se puede determinar dadas sus peculiares características. Esto sorprende porque justamente para esto se supone que existen cientistas sociales o analistas políticos, no para que se resistan a investigar o nieguen la existencia de un fenómeno, sino precisamente para explicarlo.
En Europa y los países con larga tradición protestante, la cuestión del pensamiento político de las iglesias no presenta gran puzzle. En EEUU es conocido el importante sector evangélico que se define republicano-derechista, y el signo de interrogación surge a partir de explicar cómo es que algunos de estos grupos votaron por el Presidente Barack Obama en las pasadas elecciones de 2008 y 2012.
en
15 oct 2013
a las
4:44 p. m.
Revista de Investigación “Religión e Incidencia Pública” | Por GEMRIP @gemrip
Temas: GEMRIP, Política, Publicaciones, Religión, Religión e Incidencia Pública, Revistas, Vida pública
Acaba de ser publicado el primer número de la revista de investigación “Religión e Incidencia Pública”, perteneciente al Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) Este nuevo proyecto pretende ser una contribución al creciente -aunque aún pequeño- espacio de estudio académico sobre el fenómeno religioso, especialmente en América Latina.
El aporte singular de esta revista reside en la misma especificidad de GEMRIP: es un proyecto que nuclea de manera particular un equipo multidisciplinario de académicas y académicos, especializados/as en el estudio de la inscripción del fenómeno religioso en las complejas matrices de las sociedades actuales. Podríamos decir, además, que una característica importante de esta publicación es la inclusión de la teología como un interlocutor central en el análisis de lo religioso como fenómeno social, dialogando con el resto de las ciencias sociales y humanísticas.
Con respecto a este primer número, la propuesta es promover algunas nuevas pistas metodológicas y epistemológicas del estudio de lo religioso en el espacio público. La inclusión de la teología como disciplina es una de ellas. Pero también lo es la utilización de diversos marcos teóricos actuales, provenientes de distintas áreas del saber (filosofía, sociología, antropología, teología, entre otras), que no han sido lo suficientemente abordados por este campo de estudio, como son las corrientes posetructuralistas, la teoría queer, el psicoanálisis, entre otros.
El aporte singular de esta revista reside en la misma especificidad de GEMRIP: es un proyecto que nuclea de manera particular un equipo multidisciplinario de académicas y académicos, especializados/as en el estudio de la inscripción del fenómeno religioso en las complejas matrices de las sociedades actuales. Podríamos decir, además, que una característica importante de esta publicación es la inclusión de la teología como un interlocutor central en el análisis de lo religioso como fenómeno social, dialogando con el resto de las ciencias sociales y humanísticas.
Con respecto a este primer número, la propuesta es promover algunas nuevas pistas metodológicas y epistemológicas del estudio de lo religioso en el espacio público. La inclusión de la teología como disciplina es una de ellas. Pero también lo es la utilización de diversos marcos teóricos actuales, provenientes de distintas áreas del saber (filosofía, sociología, antropología, teología, entre otras), que no han sido lo suficientemente abordados por este campo de estudio, como son las corrientes posetructuralistas, la teoría queer, el psicoanálisis, entre otros.
en
22 abr 2013
a las
2:44 p. m.
Jesucristo, Señor de todo y de todos | Por René Padilla
Temas: C. René Padilla, consumismo, Jesús, Señorío de Cristo, Vida Cristiana, Vida pública
La autoridad que al resucitar Jesucristo recibió del Padre, según su propia declaración en Mateo 28:19, es una autoridad universal: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”. En otras palabras, su autoridad se extiende sobre la totalidad de la creación y sobre todo aspecto de la vida humana. No hay nada ni nadie que esté fuera de la órbita de la autoridad de Jesucristo. El tiene autoridad no sólo sobre la iglesia sino también sobre el mundo. No sólo sobre el domingo sino también sobre el resto de la semana. No sólo sobre lo que tiene que ver con prácticas religiosas sino también sobre lo que tiene que ver con la familia y el trabajo, el arte y la ciencia, la economía y la política.
Esto no significa, por supuesto, que todos reconocen esa autoridad, pero sí que todos deberían reconocerla. En efecto, lo que distingue a los cristianos de los no cristianos es que los cristianos reconocen y por lo tanto confiesan la autoridad universal de Jesucristo y viven a la luz de ese reconocimiento, en tanto que los no cristianos no la reconocen ni la confiesan. Como afirma el apóstol Pablo: “No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan” (Ro 10:12). Como veremos más adelante, esto es lo que hace necesaria la misión de la iglesia, cuya esencia es la proclamación de Jesucristo como Señor. “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:8b-9).
Esto no significa, por supuesto, que todos reconocen esa autoridad, pero sí que todos deberían reconocerla. En efecto, lo que distingue a los cristianos de los no cristianos es que los cristianos reconocen y por lo tanto confiesan la autoridad universal de Jesucristo y viven a la luz de ese reconocimiento, en tanto que los no cristianos no la reconocen ni la confiesan. Como afirma el apóstol Pablo: “No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan” (Ro 10:12). Como veremos más adelante, esto es lo que hace necesaria la misión de la iglesia, cuya esencia es la proclamación de Jesucristo como Señor. “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:8b-9).
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15 abr 2013
a las
4:52 p. m.
El concepto "política" desde el cristianismo | Por Juan Pablo Espinoza
Temas: Juan Pablo Espinoza, Nuevos escritores, Política, Sociedad, Vida pública
En estas líneas queremos esbozar la relación o el diálogo que se puede
establecer entre la política, su concepto, su praxis y la fe cristiana. Los
parámetros que tendremos en consideración al momento de realizar nuestro
desarrollo se concentran en los siguientes puntos:
1. El sentido histórico de la actividad política desde la Encarnación.
2. La propuesta profética del anuncio de las buenas noticia y de la denuncia de las estructuras que van en contra de la libertad y de la igualdad.
3. La actitud escatológica desde la praxis histórica y política que se realiza desde el Reino en la dialéctica del ‘ya’ y del ‘todavía no’.
en
15 ene 2013
a las
4:12 p. m.
En defensa de la mediación | Por Manfred Svensson
Temas: Manfred Svensson, Mediación, Protestantes, Vida pública
Artículo publicado originalmente en Lupa Protestante
Si oímos hoy la palabra “mediación”, nos hace pensar en una persona dedicada a la mediación familiar –tal vez el único campo en que existe programas de postgrado en mediación. Pero dichos programas parecen un singular monumento a una práctica que en realidad está ausente, o a la defensiva, en el resto de nuestra vida. Piénsese, por lo pronto, en los diversos movimientos ciudadanos de los últimos tiempos. Trátese de la educación o del medioambiente, y al margen de cuán positiva o negativamente evaluemos cada uno de los puntos defendidos por los movimientos en cuestión, tienen como factor común el responder a o anhelar cierto modelo de democracia directa, inmediata; y las instancias de mediación, cuando las hay, tienen a venirse abajo con rapidez y a ser desprestigiadas por constituir escenarios en que se está cediendo.
Esto no es extraño si se piensa, por ejemplo, en el papel desempeñado por los medios sociales en la política contemporánea: puedo poner una encuesta en Facebook, y en pocos días lograr que miles de personas manifiesten su adhesión a una posición, con un inmediato “me gusta”, sin pasar por las arduas y muchas veces oscuras negociaciones de pasillo de la vieja política: lo inmediato parece no sólo más eficiente, sino incluso más transparente. A quienes han crecido con eso les debe parecer intolerable que, al margen de su encuesta de Facebook, haya que esperar uno o dos años más para tener una elección regular, y que dicha elección regular esté contaminada por todos los otros elementos de la política clásica, en lugar del carácter inmediato de una asamblea popular. No tarda así en que las posiciones se extremen, y acabamos pronto encontrándonos con el curioso fenómeno de que las iglesias se ofrezcan como mediadoras. Ahora bien, no es extraño ni está fuera de lugar que las iglesias se ofrezcan como mediadoras, como pacificadoras en situaciones extremas. Lo curioso es que esto aparezca como medida extraordinaria y como algo proveniente de fuera del campo político; y no para volver a unir a un país tras una guerra civil, sino para solucionar las más cotidianas tareas de la política. Que en el corazón de la actividad política estén los esfuerzos por mediar parece así completamente olvidado.
Si oímos hoy la palabra “mediación”, nos hace pensar en una persona dedicada a la mediación familiar –tal vez el único campo en que existe programas de postgrado en mediación. Pero dichos programas parecen un singular monumento a una práctica que en realidad está ausente, o a la defensiva, en el resto de nuestra vida. Piénsese, por lo pronto, en los diversos movimientos ciudadanos de los últimos tiempos. Trátese de la educación o del medioambiente, y al margen de cuán positiva o negativamente evaluemos cada uno de los puntos defendidos por los movimientos en cuestión, tienen como factor común el responder a o anhelar cierto modelo de democracia directa, inmediata; y las instancias de mediación, cuando las hay, tienen a venirse abajo con rapidez y a ser desprestigiadas por constituir escenarios en que se está cediendo.
Esto no es extraño si se piensa, por ejemplo, en el papel desempeñado por los medios sociales en la política contemporánea: puedo poner una encuesta en Facebook, y en pocos días lograr que miles de personas manifiesten su adhesión a una posición, con un inmediato “me gusta”, sin pasar por las arduas y muchas veces oscuras negociaciones de pasillo de la vieja política: lo inmediato parece no sólo más eficiente, sino incluso más transparente. A quienes han crecido con eso les debe parecer intolerable que, al margen de su encuesta de Facebook, haya que esperar uno o dos años más para tener una elección regular, y que dicha elección regular esté contaminada por todos los otros elementos de la política clásica, en lugar del carácter inmediato de una asamblea popular. No tarda así en que las posiciones se extremen, y acabamos pronto encontrándonos con el curioso fenómeno de que las iglesias se ofrezcan como mediadoras. Ahora bien, no es extraño ni está fuera de lugar que las iglesias se ofrezcan como mediadoras, como pacificadoras en situaciones extremas. Lo curioso es que esto aparezca como medida extraordinaria y como algo proveniente de fuera del campo político; y no para volver a unir a un país tras una guerra civil, sino para solucionar las más cotidianas tareas de la política. Que en el corazón de la actividad política estén los esfuerzos por mediar parece así completamente olvidado.
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9 ene 2013
a las
6:32 p. m.
¿Qué nos espera el 2013? Jóvenes Evangélicos y Sociedad Chilena | Por Josaphat Jarpa
Temas: 2013, Año nuevo, Iglesia en Chile, Josaphat Jarpa, Juventud, Nuevos escritores, Sociedad, Vida pública
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que
digas: «No encuentro en ellos placer alguno»; antes que dejen de brillar el sol
y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia”.
(Eclesiastés 12:1)
Ser joven e identificarse como evangélico puede ser un completo suicidio para cualquier tipo de relación social fuera de nuestras Iglesias, al parecer no hay nada más pasado de moda e iluso que decir “soy Evangélico”, basta que en los medios de comunicación hagan alusión a la Iglesia Evangélica para que empiece un mar de “Trolleos”, que somos conservadores, homofóbicos, ignorantes, dualistas, machistas y todos los “atributos” que puede tener un creyente que le exigían pagar indulgencias en la edad media. En fin, estamos lejos de ser criticados por ser buscadores y hacedores de justicia, nos critican por ser una Iglesia indolente a lo que pasa por frente de nuestras narices.
Ser joven e identificarse como evangélico puede ser un completo suicidio para cualquier tipo de relación social fuera de nuestras Iglesias, al parecer no hay nada más pasado de moda e iluso que decir “soy Evangélico”, basta que en los medios de comunicación hagan alusión a la Iglesia Evangélica para que empiece un mar de “Trolleos”, que somos conservadores, homofóbicos, ignorantes, dualistas, machistas y todos los “atributos” que puede tener un creyente que le exigían pagar indulgencias en la edad media. En fin, estamos lejos de ser criticados por ser buscadores y hacedores de justicia, nos critican por ser una Iglesia indolente a lo que pasa por frente de nuestras narices.
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1 ene 2013
a las
2:24 p. m.
El Dinero y la democracia ¿Se venden puestos y poder político? | Por Juan Stam
Temas: Democracia, Dinero, EE.UU., Juan Stam, Política, Vida pública
Es famoso
el dicho del autor estadounidense Mark Twain: "Nosotros tenemos el mejor
gobierno que el dinero puede comprar" ("We have the best government
money can buy").
La portada
de la revista TIME para el 13 de agosto del presente año (2012) mostraba la Casa
Blanca de Washington, residencia del presidente de los Estados Unidos, con un
gran rótulo en frente que decía, "SE VENDE; pedimos $2.5 mil millones de
dólares".
En nuestro
vecino del norte acaba de terminar la campaña política más costosa de toda la
historia humana. El gasto total de todas las campañas (presidenciales,
estatales etc), de ambos partidos, pasó de 6 mil millones de dólares. En las
elecciones anteriores, en 2008, Barak Obama fue el primer candidato en la
historia estadounidense en gastar más de mil millones de dólares (un billón de
dólares, en inglés) en su campaña presidencial.[1]
Ahora, en 2012, cada candidato superó el doble de esa suma y el costo total era
más que seis veces el total de 2008. Según Peter Singer, profesor de filosofía
y ética de la Universidad de Princeton, una suma muchísimo menor, de $200
millones (no miles de millones) hubiera sido suficiente para informar al
electorado sobre los proyectos y programas de los candidatos ("Las
elecciones defectuosas de los Estados Unidos", La Nación, San José, 17
nov. 2012)
en
4 dic 2012
a las
11:28 a. m.
Bienaventurados los indignados/as | Por Juan Stam
Temas: Indignados, Juan Stam, Vida pública
¡A veces el pecado no es enojarse, sino no enojarse!
Hace unas semanas (antes de las elecciones en México) recibí un correo que expresa una actitud típica de muchas iglesias:
Hermano, nosotros en México tendremos elecciones, queremos un cambio, pero muchos cristianos no entienden esto. La iglesia institucional no participa en las cuestiones sociales. ¿Oponerse a que las cosas sigan igual, es oponerse a Dios? Nos dicen que Dios es el que pone las autoridades y hay que dejarlo así. ¿Cómo entender esto?
La consigna parece ser: "Bienaventurados los conformes y sumisos, porque ellos no tendrán problemas". En
muchas iglesias priva la cultura de la sumisión ciega, sin permitir el
necesario discernimiento crítico. Es la cultura del "Amén automático",
irreflexivo y acrítico. A menudo
el decir Amén es algo así como roncar, porque ambos se hacen estando
dormidos y sin pensar. Por eso a veces alguien puede soltar su "Amén"
antes de que el predicador o la predicadora hayan terminado la oración o
expresado su idea. No importa lo que haya dicho, diré Amén, y cuánto
más fuerte, mejor.[1]
en
16 oct 2012
a las
9:27 a. m.
Los cristianos no pueden predicar en la plaza | Por Manfred Svensson
Temas: Manfred Svensson, Predicación, Vida pública
Los cristianos no pueden predicar en la plaza. Sé que suena a un
veredicto muy severo, y que alguien (sobre todo si sólo ve el título) me
acusará de estar atacando gratuitamente a algunos de los cristianos más
fervientes, de esos que, como Pablo, no se avergüenzan del evangelio.
¿Acaso no veo la clase de personas abnegadas que son muchos de aquellos
que predican en las plazas? Sí, lo veo. Mi duda no es sobre si acaso
existen hoy cristianos abnegados, sino si acaso existen hoy plazas.
Existe, por supuesto, el tipo de lugar al que llamamos plaza. ¿Pero
existe hoy algo equivalente a una plaza del mundo antiguo? Ésa es la
pregunta decisiva, porque quienes predican hoy en una plaza lo hacen
porque ven continuidad entre esa actividad y la predicación cristiana
antigua, como la encontramos retratada, por ejemplo, en el libro de
Hechos. Y ésa es la pregunta: ¿existe hoy la plaza, del modo en que
entonces existía la plaza?
en
20 sept 2012
a las
2:21 p. m.
Que al tedeum se lo lleve el cuco | Por Manfred Svensson
Temas: Evangélicos, Iglesia en Chile, Manfred Svensson, Te deum evangélico, Vida pública
Una década atrás, se usaba el Tedeum evangélico para
pedir al entonces Presidente de la República un cementerio. No se trata
necesariamente de la más pintoresca de las cosas dichas en uno de estos
actos. Un año atrás, el evento volvió a titulares al sugerirse que
–dados los avances de la agenda gay- pronto “tendremos que orientar al pedófilo”.
Con todo lo distintas que pueden ser entre sí dichas declaraciones, son
un buen indicador de lo que suele ser esta ceremonia. Ella acostumbra,
en efecto, ofrecer una adecuada síntesis de lo enfermiza que es la relación de gran parte del mundo evangélico con la vida pública.
Esta relación puede caracterizarse por una curiosa tensión entre un
hablar fuerte y golpeado –se entienda o no de aquello de lo que se
habla-, y al mismo tiempo caer en la adulación al gobierno de turno (por ejemplo, calificando de “indecoroso” el debate surgido por la encuesta Casen).
Con esa constante, casi la totalidad de los problemas del país ha desfilado por el templo ubicado en Jotabeche
40, desde el Transantiago a la ley de no discriminación, pasando por
las demandas estudiantiles y, sí, aunque usted no lo crea, el costo de
las entradas a un show de Madonna. Esa amplitud de temas puede
sonar auspiciosa –sobre todo para quienes crean que reina aquí la
obsesión exclusiva con temas sexuales-, pero más bien revela la misma
mirada de corto plazo que se denuncia en los políticos. Resulta, en
efecto, desconcertante que un púlpito esté convertido en la simple
palestra para enumerar los problemas del país, en lugar de que se oiga
en él algo sobre las causas profundas de tal deterioro. ¿Debemos dejar
que anualmente esto se repita sin reflexión alguna? ¿Es responsable
dejar que el papel de la religión en la vida pública se agote en ser un
incentivo para guerra de twitteos entre dos parlamentarios?
En esta ocasión el blanco de críticas más específicas fue el poder
judicial y el senador Rossi. Dado el tono de algunas de dichas críticas,
no es extraño que también las respuestas hayan sido enérgicas. Algunos
han descrito la situación como si los pronunciamientos de creyentes
sobre la vida pública fueran una violación de los límites entre Iglesia y
Estado. Para otros –como el afectado senador Rossi- estamos ante un
fomento del odio, un tipo de discurso al que incluso habría que hacer
responsable por sucesos como la muerte del joven Daniel Zamudio.
A la luz de una evaluación serena, ese tipo de imputación resulta
ridícula: no estamos camino a un Estado teocrático, ni es probable que
los asesinos de Zamudio hayan estado sobreexpuestos a sermones
conservadores. El problema no es que convicciones robustas de los
creyentes sean expresadas en la vida pública. Una sociedad pluralista
también tiene lugar para eso.
Con todo, la sensación de que estamos ante un problema es
justificada, y es una sensación compartida por muchos evangélicos (entre
los que me cuento). Después de todo, también desde la perspectiva
interna del cristianismo parece poco congruente el deshonrar a la
autoridad, y cabe recordar que los representantes de los distintos
poderes del Estado, no sólo del ejecutivo, son autoridades. El
Tedeum se ha convertido en un tipo de evento al que rutinariamente estas
autoridades se ven obligadas a asistir, a pesar de que prevén –si han
mirado noticias los años anteriores- lo incómoda que será la situación.
No importa qué se diga desde el púlpito, deben mantener un rostro
impertérrito. Ya eso basta para quitar toda seriedad a la situación:
aunque quien tiene el micrófono diga cosas sumamente serias y dignas de
consideración, difícilmente será recibido, pues no estamos ante un oír
libre. De parte del político que asiste, lo que está teniendo lugar es
un acto de reconocimiento hacia los evangélicos (un reconocimiento que
también tiene sus dividendos), y ese tipo de acto obliga al asentimiento
o al silencio, impidiendo la consideración libre, serena y
diferenciada. Que los pastores sientan que han hablado, o que el
gobierno sienta que los ha escuchado –ambas conclusiones son en realidad
erróneas.
Dejo a los católicos el preguntarse por las razones para mantener el Tedeum “ecuménico”. Pero para mantener el Tedeum evangélico no parece haber razón alguna.
Desde luego no hay político que pueda sugerir su eliminación, pero
precisamente eso confirma cuán obligados están, cuán enfermiza es esta
relación. Sólo cabe pues esperar que la iniciativa venga de las propias
iglesias evangélicas. Y sobran razones para que así lo quieran. Porque
“eventos” como éste no han contribuido en nada a una mayor cultura
cívica de los evangélicos. Con esto no quiero decir que no haya
evangélicos con una alta cultura cívica. Pero tienden a ser precisamente
quienes se han formado en oposición a actos como el Tedeum.
La existencia de este acto, como tal vez única instancia de la vida
evangélica con amplia cobertura periodística, lo convierte en una
catarsis que en lugar de estimular es capaz de incluso inhibir la
participación pública seria de los evangélicos. Su eliminación, o una
creciente indiferencia del mundo político y periodístico respecto de la
ceremonia, contribuiría a una más sana integración de los evangélicos en
nuestra vida pública.
Sobre el autor:
Manfred Svensson es chileno, Doctor en Filosofía por la Universidad de München, profesor del Instituto de Filosofia de la Universidad de los Andes. Fuera de la Universidad se dedica sobre todo a escribir trabajos de difusión y formación general para las iglesias evangélicas. Es autor del libro "Reforma protestante y tradición intelectual cristiana" (Barcelona, 2016)
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11 sept 2012
a las
10:00 a. m.
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