Artículo publicado en 1982, en la Revista Iglesia y Misión
EN EL CUADRO religioso del continente latinoamericano ha surgido en el último siglo y medio una nueva y pujante realidad: el protestantismo latinoamericano. El término genérico protestantismo comprende a una gran variedad de iglesias y movimientos que en algunos países como Chile han llegado a ser un 10 por ciento de la población o más, y que en otros países como el Brasil o Nicaragua, pese a su tamaño numérico relativamente pequeño (alrededor del 5 por ciento de la población), han tenido un impacto notable en la vida nacional.
Dentro del término genérico protestantismo encontramos cuerpos como las vigorosas iglesias pentecostales, que crecen sobre todo en las zonas populares de las grandes concentraciones urbanas. Por otra parte caben también iglesias como la anglicana o la luterana que en algunos países son comunidades pequeñas, restringidas a veces por el idioma inglés o alemán en que realizan sus cultos y por su falta de interés en la expansión numérica.
La mayor parte de estos "protestantes" en América Latina prefieren llamarse evangélicos. El vulgo, a veces la prensa y aun las autoridades eclesiásticas católicas, usan para ellos el término "evangelista". De hecho, algunas de estas iglesias rehúsan usar el nombre "protestante". La preferencia por el término "evangélico" indica una realidad histórica que es importante recordar. La mayor parte de los misioneros que vinieron a predicar desde las filas del protestantismo pertenecían por sus convicciones y su vocación a un ala o un sector especial del mundo protestante europeo o norteamericano. Es el sector que en inglés suele llamarse "Evangelical" y que se define como conservador de lo fundamental en doctrina y fuertemente evangelizador y misionero en la práctica. Cuando las grandes iglesias protestantes se reunieron en Edimburgo en 1910 para considerar la evangelización y la obra misionera en el planeta, rehusaron tomar a América Latina como "tierra de misión", porque consideraron que el catolicismo aquí predominante significaba que éstas eran tierras cristianas, ya evangelizadas. Y Juan A. Mackay, célebre misionero presbiteriano, fundador del Colegio "San Andrés" de Lima y luego rector del Seminario de Princeton, nos recuerda que en aquel cónclave "los misioneros a estas tierras eran tildados de fanáticos, miembros de un proletariado iletrado y rústico, cuyo trabajo merecía el repudio".[1]